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Categorized | Editorial

Educación para la comunicación

Posted on 23 February 2012 by elprogreso

Cualquier niño de nuestro tiempo pasa horas y horas, todos los días delante del televisor. Para este niño, la pequeña pantalla es una fuente inagotable de información y aprendizaje. La escuela, por el contrario, es todavía un lugar alejado de su realidad habitual.

Los niños y los jóvenes prefieren, sin duda, la fascinación de la televisión antes que los rigores de la escuela y de los libros escolares. Evidentemente, la educación tradicional no ha evolucionado al compás de los tiempos y ahora, más que nunca, necesita un cambio radical, asimilado e incorporando las nuevas tecnologías y las nuevas formas de percibir la realidad. Si la escuela es una preparación para la vida, sus contenidos deben estar de acuerdo con los contenidos de la misma.

Por eso, la prensa, la radio y la televisión- los poderosos medios de comunicación, que vienen a ser una auténtica escuela paralela – deben entrar a las aulas, convirtiéndose en un cauce  por el que fluya, como una corriente continua hacia la escuela, el pálpito de lo cotidiano, la realidad y la vida.

Los medios de comunicación social se han convertido, sin duda alguna, en estos tiempos, en instrumentos y vehículos de gran importancia para la formación y la educación de los individuos en nuestra sociedad. Se quiera o no se quiera, su influencia es muy grande, como lo es también su enorme poder de fascinación. Es indudable que los conceptos de cultura y de educación tradicional-basado en el libro y en el entorno del recinto escolar- han quedado totalmente desfasados. La  nueva cultura gira, ahora, en torno al mundo de la comunicación y de la intercomunicación. Muchos padres, por ejemplo, se muestran asombrados por la cantidad de cosas que saben sus hijos; incluso los de más corta edad; todos esos conocimientos los han aprendido con la televisión. El discurso de la imagen tiene, evidentemente, mayor eficacia que cualquier otro de la educación tradicional.

Estos datos deberían invitarnos a la reflexión, sobre todo al darnos cuenta de que la prensa, la radio y la televisión no solo transmiten información, sino que también crean estados de opinión colectiva y relacionan al individuo con las realidades cotidianas, próximas o lejanas.

El sistema educativo no puede ignorar esta realidad, no puede seguir encerrado en sus tradicionales planteamientos, negando la evidencia de la importancia de los medios de comunicación, ignorándolos, e incluso dándoles la espalda de manera intencionada.

Los medios de comunicación son importantes vehículos, que tratan, por todos los medios, de ganar audiencia y de conseguir despertar los hábitos de lectores jóvenes de nuestra comunidad. La supervivencia de la prensa está en juego porque, según los datos que manejan los especialistas, una generación entera- la que muestra tanta fidelidad a la televisión- está empezando a ignorar la lectura de los periódicos. Y la radio, por su parte, solo obtiene buenos índices de audiencia pero distorsionando el concepto educativo en la comunicación.

La prensa es mucho más reflexiva que la televisión y que la radio  y tiene, por lo tanto, la capacidad de configurar estados de opinión colectiva; en ella, mucho más que en los otros medios, se manifiesta el criterio y la ideología de la empresa responsable de la edición del periódico. No olvidemos que, durante muchos años, la prensa escrita ha sido considerada, en el mundo entero, como el cuarto poder. Efectivamente “ejerce” un poder y sobretodo un “contrapoder”, y así los periódicos pueden ser un instrumento de libertad o de servidumbre. La prensa informa, alimenta los conocimientos, analiza  e invita a la reflexión, profundiza,  opina, educa y nos relaciona permanentemente con el mundo  de nuestro alrededor.

La escuela es, sobre todo, quien debe liderar este tipo de iniciativas e incorporar a la enseñanza una correcta y eficaz pedagogía de los medios. Desde el recinto del aula hay que dar a los niños y a los jóvenes las claves necesarias para que conozcan los mecanismos de la información. Hay que enseñarles a valorar, a desmitificar, a analizar contenidos, a elegir libremente; en definitiva, a leer la prensa, a escuchar la radio y a ver la televisión dentro del marco de los valores de la familia, sin que se excedan los conceptos de libertad y nos propasemos al libertinaje, usando una pedagogía en el uso de la educación para la comunicación.

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