Los niños, y también los preadolescentes y adolescentes, pueden poner a prueba su paciencia y llevarle a límites de exasperación que antes no había conocido. Imagine que recoge a los niños en la escuela al acabar el trabajo con un gran cansancio. Durante el viaje a la casa en el auto los niños no paran de gritar, quitarse el cinturón de seguridad o golpearse entre ellos. Al llegar a la casa lo único que quiere es un poco de paz para recuperarse, porque todavía tiene que hacer la cena y preparar lo del día siguiente o, porque tiene que acabar algún proyecto de su oficina. Los niños siguen gritando y correteando, a pesar de sus advertencias y súplicas, rompen una lámpara y además le vierten un vaso de leche sobre el proyecto que tiene que entregar al día siguiente.
Ante esta situación o una similar el “barómetro” interior de cualquier padre probablemente se vaya elevando a medida que pasen las horas hasta llegar al su máximo. Y llegados a este punto, cuando las emociones empiezan a sobrepasar al pensamiento lógico es cuando es importante saber cómo autocontrolarse.
Si cuando era niño estas situaciones se manejaban en su casa a base de gritos y golpes, es posible que esta sea su forma instintiva de actuar cuando pierde el control, y también es probable que después se arrepienta. Es fácil leer sobre la disciplina positiva, pero aplicarla cuando uno está más que enojado, puede no ser tan fácil.
Conozca sus límites
Poder determinar dónde está su “punto de explosión” y tomar medidas antes de llegar a él, es la forma más eficaz de evitar tener que arrepentirse de estas explosiones de enojo que le harán sentirse mal tanto a usted, como a sus hijos.
Piense en las veces que ha llegado al límite, cómo ha llegado hasta allí y que ha sido lo que finalmente ha desencadenado la tormenta.
Por ejemplo, si el que sus hijos correteen por la casa, con la posibilidad de hacerse daño o hacer daño a los más pequeños, o de romper cosas es lo que le molesta especialmente, entonces observe cuándo sus hijos están entrando en ese “modo”, tanto si es al recogerlos de la escuela, como si se van entrando en ese estado a lo largo de la tarde. Actúe en las fases iniciales, aunque esto le reste tiempo momentáneamente de la tarea que tenga que completar.
Cuente hasta diez
Este es el consejo clásico para cuando usted siente que su volcán particular está a punto de hacer erupción. Aunque respirar hondo y tratar de relajarse si piensa que va a explotar es siempre recomendable, no todas las veces es efectivo. En esos casos, intente hacer otra actividad hasta que recupere la serenidad, por ejemplo:
Concédase un time-out a usted mismo. Váyase a su cuarto, salga a la calle, dé un paseo, tome una ducha relajante o cualquier otra actividad que le desconecte de lo que está ocurriendo.
Escriba previamente una pequeña nota para leer en estos momentos, que le recuerde cómo se sentirá si hace algo ahora de lo que se arrepentirá después.
Si no hay forma de escapar de la situación, póngase unos auriculares con música que le guste bien fuerte para aislarse de alboroto que le está provocando el enojo.
Llame a una amiga, a un familiar o a su pareja, si no está en la casa con usted en ese momento, para hablar sobre lo que está pasando y cómo se siente a punto de explotar. Además de escucharla, esa persona quizás le pueda dar otra perspectiva sobre cómo tratar la situación.
Sin embargo, si en estas explosiones está perdiendo el control hasta el punto de golpear a sus hijos o humillarlos de otra manera, es muy importante que busque ayuda profesional para detener este tipo de comportamiento antes de que ocurra algo que ya no se pueda remediar.

