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El desarrollo del equilibrio afectivo en los adolescentes

Posted on 06 March 2013 by elprogreso

El ser humano no puede explorar y dar significado a los fenómenos y hechos que se producen en el mundo ni a sí mismo, si no es desde una cierta confianza básica que proporciona el afecto.

Tampoco puede conseguir su desarrollo equilibrado como persona si no es capaz de tomar  decisiones de forma segura y autónoma. Ambos aspectos: la seguridad afectiva y la autonomía responsable (Yela,1980) se fomentan y desarrollan en el seno del núcleo familiar. Estas vivencias, que envuelven todo el crecimiento del adolescente, son básicamente las siguientes:

* Desarrollo físico y sus efectos psicológicos en la pubertad.

* Usos del pensamiento y razonamiento desde proposiciones y abstracciones.

* Dominio del concepto de sí mismo y la crisis de identidad.

* Cambios en las relaciones con los adultos y especialmente con los padres.

 

La seguridad afectiva

Durante la adolescencia la persona está especialmente sensible a la afectividad (entendida como experiencias interiores en las que motivaciones, emociones y sentimientos se entremezclan de manera confusa). Es más, en contra de lo que generalmente se piensa, el afecto es un sentimiento sobre el estado de la propia conciencia que no se diferencia esencialmente del conocimiento que posee una persona. Es decir, el afecto es una forma muy singular de disponer e interaccionar aspectos cualitativos del conocimiento en relación a las vivencias particulares (Pinillos, 1976), lo que implica que el conocimiento influye en el desarrollo de la afectividad o ésta, a su vez, es una manifestación del conocer. Y todo ello desde la inevitable unidad el conocimiento (González, 1999), de manera que en el equilibrio en esta unidad, en las diferentes manifestaciones del conocer, está presente la receptividad que proporciona el afecto.

Por otro lado, la dificultad de educar el afecto procede, en gran medida, de la complejidad de las manifestaciones que intervienen en el desarrollo del equilibrio afectivo y cómo son vividas, con especial intensidad, por las personas con superdotación. Estas manifestaciones son básicamente las siguientes:

 

Los sentimientos

Son estados de ánimo relacionados con el placer y el dolor; su desarrollo tiene un cierto carácter social, ya que en ellos influyen las formas de vida, en las que están presentes las normas, costumbres, hábitos y creencias (¿valores culturales?) en las que participa la persona. Además, desde los sentimientos se generan los estados de ansiedad que suelen aparecer en los superdotados por una sobrestimulación, que es provocada por un estadio de permanente búsqueda intelectual con el afán de “categorizar y comprender la realidad circundante” (Goldstein, 1939), a la que responden con una atención y vigilancia profunda.

 

Las emociones

Son básicamente agitaciones de ánimo; un cierto carácter individual, ya que depende, en gran parte de la comprensión del hecho que las provocan y de la actitud que la persona adopte ante tal situación. Además desde las emociones se explica la hipersensibilidad que manifiesta la capacidad que tienen los superdotados para atender simultáneamente a más de una fuente de información y de asimilar de manera extraordinaria los datos sensoriales.

 

Búsqueda de la autonomía responsable

Entre las motivaciones más comunes que inducen los cambios en el comportamiento de los adolescentes, y que repercute en la relación con los padres, está la búsqueda de sentido o cauce de su proyecto de vida. Para su consecución el joven pone en marcha mecanismos psíquicos peculiares de este periodo evolutivo como son, entre otros, el afán de independencia, el logro de autonomía y la aceptación de su originalidad, ya que su consecución posibilita al adolescente determinar su función como individuo dentro de una sociedad. Estos y otros comportamientos característicos de la edad adolescente no están motivados por un hecho o situación aislados sino que derivan de la trama

simultánea que se establece entre los cambios biológicos y sus repercusiones psíquicas, las interacciones con el entorno social y los vínculos de afecto mantenidos en el seno familiar.

En síntesis, cabe apuntar que los padres de los niños superdotados deben favorecer en sus hijos comportamientos que desarrollen el equilibrio afectivo, de manera que contribuyan a disminuir las dicotomías en sus actitudes de tolerancia-rechazo, ambigüedad rotundez, entusiasmo-depresión, constancia-apatía, etc.., puesto que todo ello ayudará a su hijo a clarificar, en este delicado periodo vital, sus intereses y, a tomar decisiones de cómo resolver situaciones difíciles que se le planteen en su vida.

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