Bogotá.- Sesenta y tres años y siete meses después de su muerte, la educadora, misionera y religiosa antioqueña Laura Montoya se convirtió oficialmente en santa de la Iglesia católica universal, y en la primera colombiana en ser elevada a los altares.
Ante unas 80.000 personas congregadas en la plaza de San Pedro –entre ellas, cerca de 3.000 colombianos–, el papa Francisco presidió una emotiva homilía en homenaje a los nuevos integrantes del santoral: además de la madre Laura, la monja mexicana María Guadalupe García y el italiano Antonio Primaldo, en representación de los 800 mártires de la ciudad de Otranto (Italia), asesinados por resistirse a negar su fe en Cristo. En total, fueron 802 los canonizados.
La ceremonia empezó a las 9:30 de la mañana (2:30 de la madrugada en Colombia) ante una plaza tupida de gente pero no repleta; en un 60 por ciento de su capacidad, según los expertos. Aunque el día estuvo soleado, las ráfagas de viento se colaban por las imponentes columnas de la plaza de San Pedro.
El papa salió por la puerta central de la basílica en medio de una ovación, portando el báculo y con su cabeza cubierta por una mitra. A su derecha colgaba una vitela con el rostro de la madre Laura, ya con aureola. El cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos –el órgano vaticano que evalúa a los candidatos a la santidad–, caminó hacia el altar y le dio los nombres de los beatos por canonizar.
A Donato lo escoltaron tres representantes de cada uno de los santos, con ofrendas para el papa. El segundo turno fue para el médico antioqueño Carlos Eduardo Restrepo, cuyo testimonio de sanación fue el milagro aprobado por el Vaticano para la canonización de Laura.
Restrepo llevaba una escultura de bronce con la figura de un indígena, con una cruz bañada en oro, y que tiene incrustada una falange del segundo dedo del pie derecho de la santa. El papa tomó la reliquia y la besó.
Francisco rompió el protocolo y habló en español para anunciar a la primera santa de su pontificado, precisamente la colombiana. Las banderas con el tricolor nacional ondearon en la plaza de San Pedro, en medio de aplausos, gritos de júbilo y algunas lágrimas.

